Bajo las cúpulas turquesas que alguna vez sirvieron de faro para la mítica Ruta de la Seda, el silencio pesa más que el oro. En los amplios salones donde se disputa la Olimpiada Mundial de Ajedrez 2026, el aire vibra con una tensión imperceptible para el público casual, pero letal para los maestros que mueven sus piezas sobre tableros de madera tallada. Entre los 208 países representados en esta cita global, una delegación en particular está escribiendo una página dorada que desafía medio siglo de historia sudamericana: Paraguay.

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A la cabeza de esta travesía intelectual se encuentra un capitán veterano, un hombre que ostenta el altísimo honor de liderar a su selección nacional por tercera vez en la historia olímpica. Tras sus experiencias en Chennai en 2022 y Budapest en 2024, su mirada experimentada abarca ahora las maravillas de Samarcanda con la calma de quien ha visto la evolución de una estirpe. Sin embargo, este 2026 tiene un sabor distinto, un aroma a renovación profunda que no se sentía desde los tiempos de la Guerra Fría.

Bajo las cúpulas turquesas de esta legendaria encrucijada de la Ruta de la Seda, la Olimpiada Mundial de Ajedrez de 2026 se desarrolla no solo como una contienda de estrategia y silencio mental, sino como el escenario de una metamorfosis histórica para el deporte sudamericano. En los salones donde alguna vez marcharon ejércitos de imperios antiguos, hoy se libra una batalla intelectual global que cuenta con un protagonista inesperado pero imponente: la delegación de Paraguay.

Para comprender la magnitud de este momento, nos sentamos a conversar en exclusiva con el capitán del equipo absoluto, quien ostenta el altísimo honor de liderar a su nación por tercera vez en la historia olímpica, tras sus pasos por Chennai en 2022 y Budapest en 2024. Esto fue lo que nos compartió sobre el pulso, la presión y el futuro de una nueva generación dorada.

FEPARAJ (F): Es un honor conversar con usted en un escenario tan imponente como Samarcanda. Para empezar, ¿qué significa para usted estar al frente de este equipo absoluto de Paraguay por tercera ocasión consecutiva?

Andres Riquelme (AR): Tengo el altísimo honor de ser, por tercera vez en la historia de las Olimpiadas, capitán del equipo absoluto de Paraguay. Estuve en Chennai, India, en el 2022, me tocó estar nuevamente en Budapest, Hungría, en el 2024, y ahora en Samarcanda 2026. Realmente es un honor para mí poder encabezar los equipos olímpicos. En esta oportunidad, con un equipo renovado, tanto en el 2022 como en el 2024, el aprendiz era yo, porque en realidad había gente con muchísima experiencia.

F: Mencionaba una renovación generacional profunda. ¿Cómo se equilibra esa experiencia acumulada de veteranos con el ímpetu de las nuevas figuras que pisan por primera vez un tablero olímpico de esta magnitud?

AR: Tuvimos leyendas como el GM Axel Bachman jugando ocho olimpiadas, el GM José Cubas con 10 olimpiadas, o el GM Neuris Delgado y el CM Paulo Jodorcovsky. Pero hoy, Enrique Alló, con apenas 19 años, Melian ya con el título de Maestro Internacional o el CM Juan Hienechen —que a sus 26 años combina la medicina con el alto rendimiento— están debutando. Este dato es crucial: no pasaba hace 50 años. En los últimos 50 años no hubo una selección paraguaya de ajedrez que haya competido en una olimpiada mundial con tres jugadores debutantes. La última vez fue en Haifa, Israel, en 1976.

F: Hablamos de un salto cualitativo generacional enorme. ¿Cómo se gestiona la presión psicológica de representar a un país en un deporte donde el individualismo suele imperar, pero que aquí responde estrictamente a la bandera?

AR: No es fácil jugar una olimpiada. Se siente la presión, se siente el nivel en el que uno está jugando y, sobre todo, la representatividad que lleva. El jugador que se pone la camiseta de Paraguay no está jugando un torneo cualquiera; representa a su propio país. Sabe que hay mucha gente expectante de su resultado. Esa no deja de ser una presión importante, pero al mismo tiempo es el orgullo de representar al país, de haber llegado a una competencia como esta donde de miles de jugadores en 101 años de historia olímpica, apenas 42 paraguayos han tenido este privilegio.

F: Dentro de esa estrategia colectiva, ¿cómo se han estructurado los roles en las mesas para sostener el pulso ante potencias globales?

AR: GM Guille Vázquez está sosteniendo un resultado importante, tres puntos y medio sobre cinco, aguantando los primeros tableros que son durísimos. Antonio Almirón, en el segundo tablero, consiguió una victoria crucial en la última ronda frente a Guatemala. Y Mellán se sacrifica tácticamente por el equipo: cuando ya tenemos dos victorias aseguradas, hace tablas para asegurar el match, priorizando siempre la selección por encima del éxito individual. Nuestra premisa siempre es el conjunto, el equipo primero, y después los intereses individuales.

F: ¿Cuáles son los objetivos reales de esta selección en el tramo final de la Olimpiada en Samarcanda?

AR: Queremos soñar con entrar entre los primeros 30, lo que sería un resultado fabuloso. Si logramos quedar entre los primeros 50, como diría un amigo, es para tirar bombas, porque es una olimpiada extremadamente difícil donde están los mejores del mundo. Pero más allá de las cifras, estamos construyendo una base sólida. Tenemos equipo olímpico joven para rato.

F: Para finalizar, ¿qué representa para ustedes competir en un sitio tan emblemático como Samarcanda?

AR: Es un privilegio absoluto. Estar en una ciudad que es patrimonio universal de la UNESCO, declarada en 1997, un lugar magnífico que representa la arquitectura y la historia milenaria de la Ruta de la Seda. Aquí coexistimos con cerca de 3,000 personas de 208 países diferentes en una cultura maravillosa de intercambio de razones y de aprendizaje mutuo. El ajedrez nos enseña que el deporte tiene como objetivo hacer del mundo algo mejor y más habitable.

Mientras los días avanzan y los relojes continúan marcando el compás de las jugadas decisivas, la delegación paraguaya demuestra que el futuro ya llegó. No hay prisa por exigir lo imposible a una generación que apenas comienza a desplegar sus alas, pero el sueño de instalarse entre los mejores del mundo ya dejó de ser una quimera para convertirse en una obra en marcha, escrita con talento, coraje y una silenciosa maestría.


Observación: La entrevista fue realizada tras la ronda 6.