En el extremo sur del país, donde el río Paraná marca frontera y carácter, el ajedrez volvió a ocupar un lugar central en la vida deportiva y cultural de Encarnación. Del 12 al 14 de diciembre, el CEDE Inn Hotel se transformó en un silencioso pero intenso escenario de concentración, cálculo y nervios contenidos, al albergar el Decimosegundo Grand Prix 2025 del Círculo Encarnaceno de Ajedrez, una de las últimas y más significativas paradas del calendario nacional. Con ritmo clásico de 60 minutos más 30 segundos de incremento, y bajo el sistema suizo a siete rondas, el torneo reunió a una constelación de generaciones, estilos y trayectorias que confirmaron, una vez más, la madurez competitiva del ajedrez paraguayo.

El ambiente, sobrio y elegante, fue acorde a la seriedad del desafío. Mesas alineadas con precisión quirúrgica, relojes digitales marcando el pulso de cada decisión y un silencio apenas interrumpido por el roce de las piezas o el golpe seco del reloj al caer una bandera imaginaria. Encarnación no solo fue sede: fue protagonista. El torneo tuvo algo de reivindicación territorial, de orgullo local, de reafirmación de que el ajedrez de alto nivel no es patrimonio exclusivo de Asunción.

Antonio Almirón, la victoria desde la experiencia

El primer puesto quedó en manos del MI Antonio Almirón, quien sumó 6 puntos sobre 7 posibles representando al Club Alekhine. Su consagración no fue estridente ni basada en golpes tácticos espectaculares, sino en una virtud más difícil de adquirir: el control. Almirón jugó un torneo de alta eficiencia, minimizando riesgos y castigando con precisión quirúrgica cada imprecisión ajena. En partidas largas, supo administrar el tiempo con la calma de quien conoce profundamente el terreno que pisa, transformando pequeñas ventajas posicionales en finales técnicamente ganados. Su liderazgo fue silencioso pero firme, y su desempeño confirmó por qué sigue siendo una referencia obligada del ajedrez nacional.

Joaquín Jiménez, Itapúa rozó la cima

Con el mismo puntaje que el campeón, 6 puntos, pero relegado al segundo lugar por criterios de desempate, el CM Joaquín Jiménez fue una de las grandes historias del torneo. Representando al Círculo de Ajedrez de Itapúa, Jiménez encarnó —en el sentido más literal— el espíritu del certamen. Jugó con la presión de representar a toda una región del país luciendo la bandera argentina, y respondió con un ajedrez valiente, ambicioso y maduro. Cada ronda fue una afirmación de crecimiento competitivo, y su actuación dejó la sensación de que el título estuvo al alcance de la mano.

Marcelo Villalba, solidez y jerarquía en el podio

El tercer lugar correspondió al MI Marcelo Villalba, quien alcanzó 5,5 puntos representando al Club Internacional de Tenis (CIT). Villalba ofreció un ajedrez equilibrado, con una preparación teórica sólida y una notable capacidad para adaptarse a distintos tipos de posiciones. Su torneo fue el de un profesional curtido, capaz de resistir en momentos complejos y de aprovechar oportunidades cuando el tablero se lo permitió. Más allá del podio, su presencia aportó jerarquía y elevó el nivel competitivo general, recordando que la experiencia sigue siendo un factor decisivo en los torneos largos y exigentes.

El ajedrez femenino y juvenil, protagonistas silenciosos

El reconocimiento a la Mejor Femenino, otorgado a Luz Carreras, fue uno de los puntos altos del torneo. En un entorno históricamente dominado por varones, Carreras volvió a demostrar que el ajedrez femenino paraguayo no solo crece en cantidad, sino también en calidad. Su desempeño fue consistente, combativo y técnicamente sólido, marcando un camino claro para las nuevas generaciones de jugadoras.

En las categorías formativas, el Grand Prix funcionó como una verdadera radiografía del futuro. Miguel Marchak, como Mejor Sub 18, confirmó su proyección competitiva; David Troche, Mejor Sub 16, evidenció una madurez poco común para su edad; Joaquín Miño se destacó en Sub 14, mientras que Martín Aguilar (Sub 12), Martín González (Sub 10) y Mariano Chávez (Sub 8) pusieron de manifiesto que la cantera sigue produciendo talento con bases sólidas. Cada uno de ellos jugó algo más que partidas: jugó experiencia, aprendizaje y futuro.

La vigencia no tiene edad

El ajedrez, deporte mental por excelencia, también encontró su reflejo en las categorías senior. El Maestro FIDE Jorge Sosa, distinguido como Mejor Supra 50, volvió a demostrar que la comprensión profunda del juego puede compensar cualquier desventaja física. En tanto, Juan Arcos, Mejor Supra 65, ofreció una lección de perseverancia y amor por el ajedrez, recordando que la pasión por el tablero no reconoce calendarios.

Más que un torneo, una afirmación colectiva

El Decimosegundo Grand Prix 2025 del Círculo Encarnaceno de Ajedrez fue mucho más que una competencia. Fue un punto de encuentro entre generaciones, clubes y estilos; una confirmación del crecimiento del ajedrez paraguayo y una muestra de que además de Asuncion, también se puede organizar y sostener ajedrez de alto nivel.

Encarnación, con su hospitalidad y compromiso, dejó claro que el tablero está bien plantado en el sur del país. Y mientras las piezas regresaban a sus cajas y el silencio volvía al salón, quedó flotando una certeza: el ajedrez paraguayo sigue avanzando, ronda tras ronda, con la paciencia de los grandes jugadores y la convicción de quien sabe que cada movimiento cuenta.


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