En una tarde luminosa de octubre, los ecos del “jaque” y “jaque mate” se mezclaron con el aroma del café recién molido en la acogedora sala de Alzati Books & Coffee Shop, en Asunción. Allí se dio cita un reducto inesperado: aficionados, maestros y promesas del ajedrez paraguayo que, con relojes de 3 + 2 minutos, lo apostaron todo a la velocidad de la intuición. Un torneo de blitz exige, como un jazz en compás vertiginoso, tanto precisión como audacia.

La convocatoria no era menor: un premio de 1.500.000 guaraníes y el torneo ofrecía tanto incentivo como tensión. El formato —11 rondas, ritmo 3 minutos más 2 de incremento— favorecía a quienes sabían traducir la teoría a reflejo, y aprovecharon cada segundo con una mezcla de temple y riesgo.
Al final, se alzó con la victoria el CM Fabián Pereira, con 9 puntos de 11. Tras él, con 8 puntos, el MF Juan Sebastián Melián y luego el CM Alejandro David Jodorcovsky, también con 8, pero con menor desempate. El resultado era, en cierto modo, una narrativa del día: el favorito vencido por el impulso de quien supo jugar “ligero pero seguro”.
La batalla de Fabián Pereira no fue solo contra los rivales; fue una discusión consigo mismo. En partidas ultrarrápidas, las ideas brotan peligrosas: una torre aventurada, un sacrificio prematuro, el reloj que acecha. Pereira apuntaló su triunfo con un score impecable, una mezcla de cálculo frío y golpes de intuición. Detrás del tablero, se intuía algo más: el ajedrez como forma de afirmación personal, como instante de belleza entre el café y el murmullo.
Alzati —una librería-cafetería que ya es un punto de encuentro cultural en Asunción— se convirtió por unas horas en un escenario de tensión y iluminación. Las estanterías de libros, los cafés servidos con vaivén, las piezas de ajedrez moviéndose en silencio: todo contribuyó a esa atmósfera híbrida de intelectualidad y competición. Fue como si los volúmenes de filosofía y poesía en las repisas respiraran también con cada “¡jaque!” pronunciado.
Más allá de los nombres y los puntos, lo que quedó de este torneo fue la sensación de comunidad: jugadores que se conocen, que se saludan con apretón de manos y mirada atenta; la combinación singular de café, libros y ajedrez; la celebración de una tarde en que Asunción se permitió otra velocidad, otra lógica. El tablero deja de ser apenas un tablero; es un escenario de posibilidad.
Y al final, los premios, el brindis con café —o quizá con gaseosa para quienes preferían estar despiertos hasta tarde—, los comentarios entre jugadas, las risas entre errores, la promesa de revancha. Pereira alzó el primer lugar. Melián aceptó con deportividad. Jodorcovsky ganó terreno. Y todos sabían: volverán.
En esa sala de Alzati, en ese ritmo de 3+2, el ajedrez dejó de ser sólo estrategia para convertirse también en relato. Porque cada jugada fue un fragmento, cada reloj un latido, y el café… el perfecto acompañante para una tarde de tensión, de genialidad instantánea y de humanidad compartida.
El ajedrez —rápido, yesquero, fugaz— demostró que también puede tener elegancia, textura, ritmo. Y en Asunción, entre libros y tazas, se escribió una pequeña gran historia.
Detalles en Chess Results.
Fotos del torneo aquí.
