Un 16 de agosto pero de 1869 en una desproporcionada lucha ocupando la retaguardia de un ejército en reubicación, niños vestidos de soldados enfrentaron un destino injusto y cruel marcando un evento trágico e histórico: La llamaron La batalla de Acosta Ñu.

Sobre el legado de estos niños que escribieron con su sangre páginas de la historia paraguaya, una nación resurge diciendo que su sacrificio no fue en vano. Hoy las armas y el campo de batalla son otros pero la valentía sigue siendo la misma.
¿Y cómo se conecta esta historia con el ajedrez? El ajedrez no es solo un juego; es una metáfora de la vida y de la estrategia. En el tablero, cada pieza tiene un rol, desde el poderoso rey hasta el humilde peón. El peón, a menudo subestimado, puede avanzar, transformarse y convertirse en la pieza más poderosa. Mirando nuestros torneos podemos apreciar que la mayor parte de los competidores son niños, no es muy difícil tener la esperanza de un gran destino para el ajedrez paraguayo.
Esos niños de Acosta Ñu, como peones en un tablero gigante, mostraron una fuerza y un coraje que desafiaron toda lógica. Nos enseñaron que la valentía no se mide por la edad o el tamaño, sino por la nobleza del espíritu.
Al igual que en el ajedrez, en la vida nos enfrentamos a desafíos, a movimientos inesperados. Es por eso que debemos aprender a pensar con estrategia, a valorar cada pieza, a proteger a los más vulnerables y a planificar cada paso con sabiduría.
Hoy, al honrar a los niños, honramos la memoria de esos gigantes. Honramos su legado de valentía y resistencia. Y al mismo tiempo, los invitamos a descubrir el ajedrez, un juego que les enseñará no solo a mover piezas, sino a pensar críticamente, a resolver problemas y a ser resilientes ante las adversidades.
Que este día sea un recordatorio de que en cada uno de nuestros niños hay un héroe en potencia, un futuro estratega, y la esperanza de un Paraguay más fuerte y sabio.
¡Feliz Día del Niño!
